La Fortaleza del Mundo
Esa frase visita mis pensamientos muy seguido. Así sola, sin predicado. De pronto aparece ese sujeto varias veces al día en mi cabeza. No me dice ni me recuerda a nada más, como un curioso caso de amnesia, como que se me olvidó quién me la dijo o dónde la aprendí.
Quizá vino de recuerdos de infancia en los que aún suena la voz de mi padre enseñándome sobre la vida.
La fortaleza, una virtud y una necesidad, una aspiración y también una faena. Y el mundo, el planeta y la realidad que vive, y su historia teñida de de dolor y hambre, de desesperanza e injusticia. El mundo que, dentro de todo esto, sigue en cada rincón sembrando diminutos momentos de idiosincracia, de simpatía, de amor y de esperanza.
El mundo es fuerte hoy como siempre.
Quizá la fortaleza del mundo es esa que aparece en el amanecer. Quizá está el llanto de un bebe que sobrevivió de un derrumbe, por un bombardeo del que su hermana lo salvó. La fortaleza en dos pequeñas almas, sin religión ni sentido de la propiedad… la fortaleza de dos pequeñas almas rotas por el peso del odio mortal. Quizá está en ese pequeño que sigue yendo a la escuela sin la certeza de volver a sus padres.
Quizá la fortaleza del mundo estaba en Maricela y está en todas las mamás que buscan a sus hijas en un país que las odia. La fortaleza es de ellas que a pesar de todo, marchan. Quizá la fortaleza del mundo es de la que venció al cáncer en un país donde no hay medicinas suficientes.
Quizá la fortaleza del mundo es de la joven venezolana que salió a la plaza a despedir a la dictadura. La fortaleza del mundo es de los que siguen en sus puestos de trabajos que nadie más tomaría, todos los días sin falta, aunque nadie los vea. A pesar de todo, son ellos los que dan cuerda a este mundo – los trabajadores agricolas, los cargadores, los camareros, los custodios e intendentes, los maestros y pescadores.
La fortaleza del mundo está en las oraciones que se elevan de los corazones al cielo. La fortaleza del mundo está en el servicio, en el bondadoso y genuino gesto que tenemos hacia aquella alma pequeña e invisible sin cámaras en un día normal.
La fortaleza del mundo es aquella que nos motiva a darle ánimos a un viejo amigo para que le de un día más al mundo, para que siga luchando pero ya no se sienta que lucha solo.
La fortaleza del mundo es la fortaleza para seguir trabajando por la justicia en un mundo injusto.
La fortaleza del mundo es la que nos sigue sosteniendo, porque algo inombrable nos sigue manteniendo. La fortaleza del mundo está también en ti.
Sé bueno. Sé buena.
Sé una persona de bien, no solo que se aprende la Biblia. Sé útil.
No flaquees. Se la luz en la oscuridad. Se amistad en un mundo de enemistad y odio. Se la razón por la que un alma desesperanzada sienta el amor otra vez.
Sé piadoso. Sé piadosa. No busques venganza, no alimentes el rencor. No cobres el doble. Los malos ya han cobrado muy caro.
No seas el aplastador cuando alguien esté en el suelo.
Toma tiempo para llorar y respirar.
Y cuando llores, llora en serio, porque si no, te llenarás del veneno de la desesperanza.
Pero apenas termines de llorar, abre las ventanas, sal a caminar. Enséñale al corazón que el sol sigue ahí.
Te necesitamos. Haces falta. Eres necesario. Eres necesaria.
Recuerda que por cada razón lejana para llorar hoy, habrá siempre frente a tí miles de razones para agradecer.
Sé desafiante, pero con respeto. No vendas tus ánimos ni tu alma por tan poco. Sé y da lo mejor hoy y mañana.
Entonces es tuya, la fortaleza del mundo.
Nada contra corriente, firme, fuerte. Un día la corriente va a ceder, y tuyas serán todas las millas náuticas que recorriste. Y, lo mejor, los que vengan después de tí nadarán más fácil siguiendo la estela que dejaste. Como verso de Antonio Machado…
Y será tuya, la fortaleza del mundo. Será nuestra…
…la fortaleza del mundo.