Nuevo post (nueva entrega) de marzo 2025; desliza hacia abajo.
Prólogo ¿A dónde irás hija mía, cuando llegues al temido día del juicio? Diré al arcángel: Yo amé al más temible de tus hijos, perdoné el mayor de los agravios, y salvé con un milagro al más pequeño de mis hermanos.
17. diciembre. 2024 (Despertando de una siesta)
Creo que un día tendremos que dejar de pelear. Ojalá no sea demasiado tarde.
Ese día, que veamos los puentes derrumbados, los ojos sin luz, a los niños sin hogar y sin futuro, y, por habernos quedado sin aliento, ojalá no se nos olvide suspirar, arrepentidos, por todo lo que destruimos. Y todo, por demostrar que teníamos la razón.
Un día, por fuerza, tendremos que dejar de pelear. ¿De qué sirve alardear de “tener la razón” de tu lado si nos quedamos sin nada más?
La “razón” está muy bien. Pero, aunque no la tengamos, podemos ceder en pos de la paz. Incluso sin la razón, podemos perdonar, podemos ayudar al prójimo. Incluso sin ganar debates ni opinar en X, podemos ser amables y podemos compartir el mismo espacio. De hecho, constantemente deseo que algunos opinionados en X salieran más a la calle, o a caminar, o tuvieran un día dedicado a dar a los demás en su vida. O ya, de plano, que desahogaran sus pensamientos en un tonto blog.
Quizá entonces dejaríamos de pelear y construiríamos puentes, llenaríamos de luz unos ojos, y sembraríamos la esperanza en el futuro de los niños, incluso con un pasado tan oscuro como nuestro presente.
5.marzo.2025: La fortaleza del mundo
9. junio. 2024: Una semana después
1. junio. 2024: La noche antes
Inspirada en aquella canción de Pablo.
Pisando hoy las calles me pregunto, ¿qué será de los niños que no jugarán más en la alameda?, ¿A dónde fueron sus amigos nuevos que no cantan más? | ¿Renacerá mi pueblo de su ruina? | Si no pagan su culpa los traidores, ¿quiénes van a pagarla?
Cuando apunte el alba mañana, ¿quién ganará? | Yo no quiero disparar de las primeras balas… ¡no sé disparar! Tengo miedo.
Que miren los poderosos a los que quieren la Patria liberada, así hayan hecho poco, lo hicieron. Ahí estaban: queriendo a su Patria, con todo en contra. Y, ¿a cuántos mataron y los poderosos no encendieron una llama en su gloria? Como siempre, se colgaron los laureles ellos, como si hubieran hecho mucho.
Quizá solo queda pedirle al suelo que caliente bien la garganta para cuando le toque cantar.
≈M. Serena
Ángeles Salvadores
(todos los que conozco, con profunda gratitud)
Como te miro y me miras,
y aunque esté sola
y no tenga qué escribir,
así de reales son
mis ángeles salvadores.
Les pedí una mirada
y me lo dieron todo,
sin exigirme nada,
y me amaron (¡cuánto me amaron!)
como Dios ama a sus hijos:
sin condición, con alegría.
Me enamoro de imposibles
porque los posibles
se pierden siempre por el camino.
(Gracias por la inspiración a Silvio Rodríguez).
Hace mucho no escribo poesía
no porque no tenga de qué.
Pero porque no se me ocurre escribirla de forma extraordinaria.
Lo pienso todo como un triste adulto, quizá.
¿Será que ya no le veo a la vida nada poético?
23. Mayo.22
¿Por qué ver Encanto de Disney?
Es la segunda vez que veo este largometraje. Esta vez cantando las pocas tonadas que me suenan (excelente trabajo de Lin-Manuel y Germaine Franco, y la voz de mi Yatra… felicidades, muchacho), llego a la conclusión de que una vez más, el cine de animación ha volado la barda de la magia, para traernos un poquito. Un milagro. Trataré de hacer esta y todas mis reseñas sin dar detalles.
Más allá del cuento y la explosión de colores y música, el excelente guión que mezcla con gracia y honor el inglés y el español, la historia presenta una numerosa familia latina. Esto me emociona porque es evidente la creatividad y el duro trabajo del cuarto de escritores y animadores.
Encanto cuenta, primero que nada, la historia de una mujer desplazada que huye de la violencia. La matriarca y su esposo huyen de la persecución inminente para volver a empezar su historia donde sus tres hijos puedan vivir en esperanza, libertad y paz. No estaría yo equivocada que es el mismo sueño de miles de matriarcas que hoy huyen de la cruel guerra, del crimen organizado, de la miseria. Tendríamos que entender este sueño desde los ojos de esta película, desde los compasivos ojos de los niños. Pero como adulta (que soy por mi edad, pero no por mi corazón) este mensaje me ha resonado más profundo y con más dolor por las matriarcas de hoy que se despiden para siempre del país que las vio nacer y se lanzan “al otro lado del río” al vacío con la menguante esperanza de que encontrarán la felicidad.
Segundo, y aquí viene el trauma de la infancia. Mirabel, el personaje principal es un verdadero estandarte para las jovencitas que no crecimos como los demás. Es verdadero lucero de aquellas niñas que también tenemos desde siempre pelo indecente y usamos lentes y muchas veces, nadie nos comprende, aunque sólo queremos lo mejor. Con genialidad, Mirabel le da un abrazo a la niña interior que llevamos muchas hispanas que, en vez de las flores y los maquillajes, se nos dio por vivir cantando y gritando. Mirabel, eres mi favorita.
Tercera: el valor de la familia. No, no voy a explicar mucho por qué, pues quiero que la vayas a ver, si no ¿qué chiste? Solo diré que es bueno que a una le recuerden que el perdón es difícil, pero puede salvar vidas, puede sanar lazos, y permitirle a cada uno volver a empezar.
Ah, y claro… todos tenemos un “Bruno” del que no hablamos. ¿Ya conoces al tuyo? Anímate a buscarlo. Quizá te sorprenda.
-M.Serena
22. Mayo. 2022
El cuerpo humano es responsivo. Es valiente, es resistente y a la vez es sensible y fácil de hacer tropezar. Al defenderte puede caer, y ¿cómo no? Fuera de la frontera de tu piel, el ambiente es denso, inestable, tóxico. Dentro de la frontera de tu piel hay un sistema que lucha por mantener el equilibrio. Todos los días y las noches, ¡toda tu vida sin descanso! 24 / 7. Mi pobre cuerpo humano a veces no tolera a mi frágil cerebro humano, que se deja llenar, como esponja, de todo lo negativo que ve, y se deja llevar por todas las señales eléctricas que en vez de motivar, quieren sabotear al cuerpo. Y mi cuerpo dijo hoy: TE COMPORTAS, Cerebro. ¿Ok? Te comportas, porque ¿mira cómo nos dolemos, cómo sacamos toda la porquería, cómo lo expresamos? ¿Duele, verdad? Pues ya compórtate. Gobiérnate. Ponte un límite, porque si no, nos va a quedar poco tiempo. – M. Serena
Carta a Federico García Lorca 9 de febrero de 2019
¿Qué significa arcaduz?
¿Cuánto te costó, Federico, llegar tan al fondo de tu ser?
¿Por qué así, Federico, quisiste escribir en las alas del mundo tus rayados sentimientos?
Y en la neblina de fuera de mi habitación, jamás te conocí pero te extraño.
Porque yo leo tus versos y tus dramas y sé que entenderías, y sé que tú sabes qué me espera y a donde voy de ahora.
No puedo escribir como tú,
más, por favor dime,
pues creo que es la llave del sol,
¿Qué significa arcaduz?
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11 de mayo del 2018
Carta a Chatito. No sé quién es, pero un día lo conoceré.
Mira Chatito… Me he dado cuenta que ya todos quieren ser juez, pero nadie quiere ir a escuela de leyes. Dicen, vive tu vida sin pensar en lo que digan, pero aquí cantan: vive como te queramos.
Ay, Chatito.
Diles por favor que se callen. Ay, Chatito, diles por favor que me dejen.
Yo esperaré al Juez de allá arriba, ese que vale más que todos, para juzgar mi alma, y castigarme si es debido.
Ya diles, Chatito. Que si no te merezco, eso ya lo veremos. Me iré marchando orgullosa por la vereda de los caídos.
Pero en ningún momento, Chatito, escuches a los jueces.
Sus palabras son venenosas, y como navajas de afeitar. Si para algo son buenos, es para maquillar.
No sienten el frío de afuera, Chatito, porque de hielo tienen el corazón, y de aire llena la mente.
Créeles que hago lo mejor que puedo. Créeles lo bueno, Chatito, nunca lo malo. Pues de lo malo, ya he pedido perdón.
Diario. Octubre 8, 2017
Bajo mis pies palpitabas tan fuerte,
que no pude no escribirte.
Ante mis ojos brillabas tan claro, que no pude no leerte.
En mi vida vales tanto, que no puedo no besarte.
De mi tristeza me salvó tanto tu risa,
que no pude no abrazarte.
En lo malo fuiste tan bueno,
que no pude no cantarte.
Perdóname que no pueda.
Que no pueda con todo esto.
Ojalá tú tampoco puedas, conmigo.

Querido lector, querida lectora
Hola. Soy María y soy escritora. Para probarmelo a mí misma, empecé este blog (por consejo de mi amiga, mentora y también amante de Mafalda, Maru). Ojalá te animes a escribir tú también. Vuelo garantizado 😉
Chiapas, México. 5 de julio de 2017
De lejos escucho el organillo
que llorando entona el himno de mi corazón.
Mis ojos de esta tierra, heridos se van
al cielo donde pienso aún me extrañas.
En el silencio de los ojos de un niño, canta llorando un organillo. Te apuesto mi fortuna, mi niño, que el organillero sabe del llanto de mi corazón.
A esta hora, esta noche tocará la marimba
con estrépito, burlándose de mis anhelos.
¿Anhelos de qué? Eso lo sabe su ritmo,
que me hace bailar, sudar mi pena pa’ fuera.
Aunque no escuchen tu organillo, sigue soplando
orgulloso organillero, que conoces la alegría.
De mi corazón el centro te agradece
tu melancólica melodía, tu son de domingo: fresco, terco cantar.
***
Querida Ángel Guardian. No, tranquila, no es una queja. Es una pregunta. Sí, ya sé: otra. ¿Te acuerdas de…? Bueno, a lo mejor sí te acuerdas… ¿…de aquella vez que creía morir? Y tú nomás estabas ahí, recordándome lo equivocada que estaba, comiendo palomitas celestiales y no sé qué más. Y qué razón tenías: qué dramática la niña. Pero cuando casi me muero cuando caí de la plataforma de ocho pies, y casi me muero por un pelito. Le diste alas a una extraña pero dulce alma, y así me salvaste. Y le diste un escudo a un leal amigo, y él por ti me cuidó. Mi pregunta es, ¿sabías que tenías que salvarme? ¿Cómo sabías que necesitaba cuidarme? Ok, esas son dos. Si quieres nomás contéstame una. O ninguna. Pero no me dejes de salvar. Por favor. Y… ¿me das palomitas?
Tienes las alas completas. Solo hay que lanzarse.